Nuestra historia

Cercáfrica nació como fruto de tres años de trabajo en la región de Man (Costa de Marfil), promovido en sus comienzos por tres asociaciones burgalesas relacionadas con la infancia, cooperación al desarrollo en África, y trabajo con inmigrantes en España. Dichas asociaciones, ante la dramática llamada de ayuda llegada por medio de las Iglesias Evangélicas de Man, por la difícil situación de post-guerra que vivía Costa de Marfil, se pusieron en funcionamiento para conocer de primera mano cuales habían sido los efectos que la guerra civil dejó en Man, la región más castigada por el conflicto.

Se realizaron varios viajes con el objetivo de llevar a cabo un trabajo de campo, para conocer la situación real de la región de Man, se realizaron campamentos con un total de más de 2.000 niños, ayudando a que más de 100 fueran escolarizados, visitas a orfanatos, hospitales y barrios marginales, reuniones con autoridades, distribución de material médico, etc…. Y siempre en contacto y con la cobertura de la Unión de Iglesias Evangélicas de Costa de Marfil (UEESOCI).

En este tiempo, Dios mostró el ministerio que debíamos seguir y era un centro de formación para todos esos jóvenes castigados por la guerra, y sin un futuro por delante. Tras el conflicto armado, y en el posterior tiempo de post guerra, los niños habían crecido sin prácticamente saber leer ni escribir, encontrando adolescentes sin ningún tipo de formación u oficio. Lo que crea una situación de falta de esperanza en el futuro debido a la gran dificultad existente para acceder al mercado laboral.

Actualmente el equipo de Cercáfrica está formado por varias personas pertenecientes a varias iglesias evangélicas de España, que colaboran directamente, y esta Asociación cristiana, junto a particulares e iglesias de España, son el apoyo principal de la Asociación Marfileña JEA (Jeunes Espoir d´Afrique).

En marzo del año 2013, Francisco Castillo y Annette Zingbé, junto a sus tres hijos, se instalaron en Man – Costa de Marfil, y comenzaron todo el trabajo allí.

Tras alquilar unas instalaciones provisionales (el objetivo es la construcción de un centro propio) y adecuar el terreno para el centro de formación, en octubre de ese mismo año 2013 comenzó una nueva vida para veintiocho jóvenes, anteriormente castigados por la guerra. Ellos fueron la primera promoción de chicos formados allí. Además de formación profesional,  los chicos reciben asistencia y apoyo espiritual, todo en un ambiente cristiano lleno de amor.